miércoles, 15 de mayo de 2013

Una manzana para festejar

Cada uno de nosotros pasamos en la escuela entre 12 y 18 años dependiendo el nivel educativo al que lleguemos, hay quienes más otros menos, sin embargo la mayoría pasamos por la experiencia del conocimiento. En el camino nos topamos con directivos a quienes apenas les veíamos la cara, compañeros que lo serán toda la vida, pero sobre todo tuvimos la experiencia de querer u odiar a los profesores quienes llevan en sus manos la labor compleja de educar.
Más que halagar la docencia o satanizar el nivel de la educación en México, hoy 15 de mayo recuerdo a los profesores, que más que cariño, nos robaron el corazón, siendo un primer amor platónico.¿Recuerdas tu primer "crush" con algún  profesor (a)? ¿Que clase era?
Cada mañana despertar y llegar temprano a la escuela con una sonrisa, el uniforme impecable, hacer lo mejor posible con la tarea o pedir una asesoría se convierten en las estrategias para lograr la atención de nuestro docente objeto de deseo. Tal vez usamos lo contrario, fuimos rebeldes y malos alumnos, reprobar exámenes, llamadas de atención por no guardar silencio, todo aquello para lograr el anhelado regaño que nos haría sentir mariposas en el estómago.
¿Seria la voz? ¿La belleza? ¿La presencia? ¿Sus ideales e ideologías? ¿Unas piernas de campeonato? Algo había de especial que mientras todos tus compañeros descargaban su odio tu no  hacías más que pensar de que forma acercarte, aunque algunas veces fuera obvio, la mayoría de estos suspurios quedaron en un anonimato adolescente, con las iniciales puestas en el libro o el cuaderno así de fuerte llega el amor.
Sabes que no podrá ser, sin embargo sigues ahí lo que dura el curso y tal vez regresando del verano aquello se habrá desvanecido, pero no podemos dejar pasar este día sin recordar aquel amor estudiantil hacia un maestro, al que ahora ves, muchos años después, y más que ver los años que han pasado te remontas a aquel momento cuando sigilosamente se acercaba a tu lado, revisaba tus notas, te daba alguna palabra de aliento, dejaba su aroma en tu entorno y el polvo de gis en tu uniforme.
¡Feliz día del maestro!

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